Desperté después de aquella noche con los huesos entumecidos por el frío, encorvada y sin poder ponerme erguida sobre mí misma.
Llegue a pensar que solo había sido un sueño, una pesadilla,
pero los zapatos que reposaban simétricamente sobre el
descalzador llenos de barro eran la evidencia de que no había sido así, lo
corroboraba la manera
que mi ropa descansaba
sobre el galán donde una parsimoniosa gota de agua se iba acumulando
sobre el borde de la manga y caía sobre un pequeño charco que; una tras
otra, habían formado en la tarima del
suelo.
Recuerdo la noche en cuestión; acordamos regresar a casa atajando por un camino desolado, decisión que
tomamos debido al bajo contenido
de gasolina en el depósito y a la faena
que sería quedarnos tirados en la
carretera antes de poder provisionarnos
del preciado líquido negro. Pensamos que
ese pequeño trayecto sería suficiente para llegar a la gasolinera del
pueblo para poder repostar.
Sabíamos por los lugareños del peligro de aquel recorrido…
de sus historias de miedo… de encantadas que se aparecían y se llevaban las
almas…. De personas que nunca aparecieron… pero…. no nos quedaba más remedio. Era eso, o esperar tirados en el arcén hasta la mañana
siguiente y la verdad; ni las ganas
ni el tiempo nos acompañaba.
Así que cogimos aquel desvío de la nacional el cual, una señal desprendida y que se balanceaba sobre sí misma nos daba el paso por la ruta número 13.
Era noche cerrada de luna nueva y una gran tempestad castigaba violentamente
la zona, las ráfagas de viento azotaban el coche que lo hacían sacudir
haciéndolo ondear sobre el resbaladizo asfalto.
Los rayos
zigzagueaban en el interior jugando con las sombras haciéndolas
tenebrosas y los truenos hacían estremecer aquel minúsculo habitáculo que
nos cobijaba al unísono que a nosotros. Los
chopos que arraigaban a los lados de la
carretera parecían almas en pena
aclamando misericordia y el viento ululaba clamando piedad.
De pronto; el agua se convirtió en granizo golpeando
violentamente sobre el cristal, parecía que nos estuvieran acribillando y el coche terminó rendido aquel ataque fuera del asfalto.
……Quedamos…….. en la más absoluta oscuridad……
Empezamos a divisar unos
pequeños halos de luz que se iban
acercando a nosotros.
No bajes.. supliqué.
Pero no me hizo caso, nunca me
hace caso.
Las luces estaban cada vez más cerca y un murmullo penoso se
escuchaba en el exterior que no alcanzaba a entender. El coche empezó a tambalearse en manos de
aquellas almas que seguían gimiendo.
Un gran escalofrío recorrió mi cuerpo y el terror me hizo
tapar los ojos con las dos manos dejándome totalmente paralizada.
Los gemidos y lamentos eran cada vez más altos… jamás recé
como en aquel momento y me encomendé a
todos los santos del cielo.
Baja…. ven con nosotros…..
me predicaban aquellas almas.
Ayúdanos…..
Ayúdanos….. suplicaban
Dejadme en paz!! Yo no puedo ayudaros!!
Las embestidas en el
coche eran más fuertes.
Baja… ayúdanos…..
Ahora sus ruegos se mostraban más
encolerizados.
¡no! ¡no!! Dejadme en paz! ¡yo no quiero morir! ¡no quiero
morir!
En aquel instante se abrió la puerta del conductor y mi
compañero de viaje me gritó; !! o bajas ayudarnos a empujar el coche o del
guantazo que te voy a dar vas a morir
pero de verdad!!
El miedo, algunas veces, nos hace ver lo que no hay jejeje. Besos.
ResponderEliminarEs cierto, nosotros mismo llegamos a sugestionarnos de tal manera que vemos donde no hay. Es el miedo. besos para tí también
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