miércoles, 7 de enero de 2015

!BÚSCALE TÚ LA MORALEJA!



Desperté después de aquella noche con los  huesos entumecidos por el frío, encorvada  y sin poder ponerme erguida sobre mí misma.

Llegue a pensar que solo había sido un sueño, una pesadilla,  pero los  zapatos que reposaban simétricamente sobre el descalzador llenos de barro eran la evidencia de que no había sido así, lo corroboraba  la  manera  que mi  ropa  descansaba  sobre el galán donde una parsimoniosa gota de agua se iba acumulando sobre el borde de la manga y caía sobre un pequeño charco que; una tras otra,  habían formado en la tarima del suelo.

Recuerdo la noche en cuestión;  acordamos regresar  a casa atajando por un camino desolado,  decisión que  tomamos  debido al bajo contenido de gasolina en el depósito y a la faena  que sería  quedarnos tirados en la carretera  antes de poder provisionarnos del preciado líquido negro. Pensamos que  ese pequeño trayecto sería suficiente para llegar a la gasolinera del pueblo para  poder  repostar.

Sabíamos por los lugareños del peligro de aquel recorrido… de sus historias de miedo… de encantadas que se aparecían y se llevaban las almas…. De personas que nunca aparecieron… pero….  no nos quedaba más remedio. Era eso,  o esperar tirados en el arcén hasta la mañana siguiente  y la verdad; ni las ganas ni  el tiempo nos  acompañaba.

Así que cogimos aquel desvío de la nacional el cual,  una señal desprendida y que  se balanceaba sobre sí misma nos daba  el paso por la ruta número 13.   

Era noche cerrada de luna nueva  y una gran tempestad castigaba  violentamente  la zona,  las ráfagas de viento  azotaban el coche que lo hacían sacudir haciéndolo ondear sobre el resbaladizo asfalto.

 Los rayos zigzagueaban en  el interior  jugando con las sombras haciéndolas tenebrosas  y  los truenos  hacían estremecer aquel minúsculo habitáculo que nos cobijaba  al unísono que a nosotros. Los chopos que arraigaban  a los lados de la carretera  parecían almas en pena aclamando misericordia y el viento ululaba clamando piedad.

De pronto; el agua se convirtió en granizo golpeando violentamente  sobre el cristal,  parecía que nos estuvieran  acribillando y el coche terminó rendido aquel  ataque fuera del asfalto.

……Quedamos…….. en la más absoluta oscuridad……

Empezamos a divisar  unos pequeños halos de luz  que se iban acercando a nosotros.

No bajes.. supliqué.  Pero no me hizo caso,  nunca me hace caso.

Las luces estaban cada vez más cerca y un murmullo penoso se escuchaba en el exterior que no alcanzaba a entender.  El coche empezó a tambalearse en manos de aquellas almas que seguían gimiendo.

Un gran escalofrío recorrió mi cuerpo y el terror me hizo tapar los ojos con las dos manos dejándome totalmente paralizada.

Los gemidos y lamentos eran cada vez más altos… jamás recé como en aquel momento y me encomendé  a todos los santos del cielo.

Baja…. ven con nosotros…..  me predicaban aquellas almas.

Ayúdanos…..

Ayúdanos….. suplicaban

Dejadme en paz!! Yo no puedo ayudaros!!

Las embestidas  en el coche eran más fuertes.

Baja… ayúdanos…..

Ahora sus ruegos se mostraban   más  encolerizados.

¡no! ¡no!! Dejadme en paz! ¡yo no quiero morir! ¡no quiero morir!

En aquel instante se abrió la puerta del conductor y mi compañero de viaje me gritó; !! o bajas ayudarnos a empujar el coche o del guantazo que te voy a dar  vas a morir pero de verdad!!

2 comentarios:

  1. El miedo, algunas veces, nos hace ver lo que no hay jejeje. Besos.

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  2. Es cierto, nosotros mismo llegamos a sugestionarnos de tal manera que vemos donde no hay. Es el miedo. besos para tí también

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