Colgó de la única percha que ocupaba el interior del
armario el pijama azul y éste,
se quedo balanceando
sobre la barra de acero
suspendido en el aire cual
marioneta manejado por su titiritero. Como un pepele. Como un espantapájaros
zarandeado por el viento.( Antes
lo fui yo).
¡Hasta nunca jamás! se despidió de él dando un portazo, y de su interior salió una
fatua onomatopeya que detonó en la
habitación. ¡ Brama cuanto
quieras que en tu interior dejo todas
tus pertenencias!
Como siempre me sorprendes. Nunca dejes de escribir y deleitarnos con tus letras. Besos
ResponderEliminarMuchas gracias Eva, nunca dejaré de hacerlo si con ello hago feliz. Besos para ti también.
ResponderEliminarUf!!! la de veces cuando estamos enfadados nos gustaría decir ésa última frase...Luego contamos hasta treinta, damos un paseo y todo vuelve a la rutina.
ResponderEliminarBesitos guapa.