lunes, 12 de enero de 2015

UN FRANCÉS



Se acomodó en el reservado de la terraza del  Grand Hotel de Avignon .
 Sobre la pequeña mesa de cristal se disponía  una minúscula taza de porcelana  que exhalaba  el aroma de un café gourmet arábico y a su lado, sobre el lecho blanco de la fina cerámica; una delicatessen.  La  joya de la corona de un desayuno francés:  “el croissants”.  Esta vez había encontrado en el una pequeña y jugosa novedad….. el arte de la gastronomía llevado a la cúspide. Croissants forurrés à la crème

!Bonjour madame!
¡Bonjour Monsieur!

El caballero reclinó su cabeza a la vez que sujetaba su sombrero de copa y en un castellano chapurreado con acento francés se dirigió a la dama .
¿Me pegmite  acompañagla a comer? La puedo asegurar que mi compañía segá de su agrado.

No lo pongo en duda caballero así pues, "la comida" será  …. Todo un placer .
Asió fuertemente el mango de su sombrilla y dulcemente  arrastró su mano por el  hasta llegar a su parte convexa ,  tuvo que friccionar varias veces seguidas hasta que su estructura  se desplegó   en toda su magnitud.  dura-mente la   pudo   contener ante  el   acaloramiento que azotaba su inesperada presencia.

La larga y fina estampa  la  embelesó, estaba rodeado por un pequeño mostacho que no llegaba a circunvalarle y era imberbe en su parte posterior. No podía decir que destacara por su gran  belleza, más bien… resultaba caricaturesco esa  postura que le hacía tener un pequeño vencimiento hacía su lado izquierdo. Pero aquello no le resultaría impedimento alguno.

Retomó "la comida". De aquella delicatessen mordió apenas la punta  y lo saboreó con  su lengua, en ella se encontraban los receptores sensitivos de su papilas gustativas que la hizo por varias veces repetir el mismo proceso y lo fue introduciendo  en pequeñas cantidades dentro de su boca resultando  extremadamente placentero. Su lengua revoloteaba  a su alrededor y succionaba los jugos que iban saliendo de su interior
Ambroisie à la bouche d´une déesse   dijo.

Por  las comisuras de sus jugosos  labios  iba desembocando  el relleno de su interior; la crème de la créme que apuró  hasta la última migaja .
Cogió la fina servilleta que se mantenía doblada junto al croissant y sutilmente se limpió los labios.
Posteriormente se dispuso a degustar de su magnífico desayuno que la esperaba  sobre la mesa de cristal en el reservado del Grand Hotel de Avignon.

6 comentarios:

  1. Indudablemente el verdadero arte al escribir, está en la sutiliza, en la utilización de las palabras y los giros necesarios para que, todo lo que en la mente se imagina, se vuelva intenso, sugerente y, a la vez, excitante por que pone a trabajar, cosa muy fácil, tu imaginación. Disfrútalo cuando lo leas. Es una recomendación sincera y de corazón.

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  2. En eso reside mi estilo, en la sutileza de las palabras sin herir la sensibilidad , en plasmar lo que pienso pero formateándolo para que al final el lector no lo encuentre violento.
    Gracias por tu comentario, son los que alimentan mi alma para seguir escribiendo.

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  3. Sugerente texto que invita a seguir leyendo como si se tratase de una novela. Obviamente al escribir siempre se filtra, se pule, matizando y cuidando de que un estilo u otro, no sea desagradable a los ojos del lector.

    Muy bueno Massy

    Un abrazo.

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    1. Correcto María, ese es mi estilo , la pulcritud al filtrar las palabras cuidando de no llegar a la vulgaridad.
      Recibe otro gran abrazo, eres un honor para mí.

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  4. Eva son los ojos con los que me miras.. te quiero.

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