Se miraban y reían… siempre reían.
Cada mañana al ir al colegio, Carmencita se adelantaba unos
cuantos pasos a su madre para llamar al
telefonillo del portal. Casi en volandas
y en puntillas, estiraba su bracito infinitamente hasta llegar a la tecla del
segundo piso.
*¿Ves mamá como llego
ya ?*
* ¡ ya lo veo! ¡Qué
mayor te estás haciendo!*
* ¡Además ya conozco las letras! , ¡es la C, la que tiene forma de luna! , ¡jó, que
envidia!, a mi me gustaría también poder vivir en la letra con forma de luna,
¿seguro que por las noches ve más cerca las estrellas, verdad mamá?*
*Si hija…. estoy segura que Angelita ve el cielo mucho más
cerca desde ahí*
Apenas tuvieron que esperar unos segundos antes de que a
través del interfono se pudiera escuchar
algo. Unos segundos que a la mamá
de Carmencita le parecieron eternos.
Últimamente Carmencita la incomodaba con preguntas que no
sabía cómo responder. ¡Cómo iba a
explicar a una niña de seis años algo que ni ella a su edad sabía la respuesta ni el porqué!.
*!ya bajo!* la vocecita de una pequeña niña jubilosa se
escuchó a través de él.
Carmencita con su
gran mochila a la espalda se puso frente al cristal de la puerta de entrada a
esperar su llegada. Acercaba su cara a
él y cuando Angelita llegaba, ella ponía la suya paralela a la de su amiga.
Sus rostros se mezclaban componiéndose en un solo
puzle. Sus rasgos se fusionaban haciendo que los ojos
de Angelita fueran los de Carmen y la
larga y rubia melena de Carmencita se
incorporara a la cabeza de Angelita.
Se miraban y reían….
Siempre reían.
Traspasado el umbral de la puerta la carita de cada una de
aquellas niñas volvía a su rasgos originales. Carmencita seguía manteniendo sus
ojos marrones y su larga y rubia melena
y Angelita los suyos azules y ausente de pelo en su cabecita.
Entre la multitud de preguntas que Carmencita la hacía a su
madre se encontró un día con esta.
*¿Mamá…? ¿Porqué Angelita no tiene pelo?*
Como le explica una madre a una hija que su mejor amiguita
tiene una maldita enfermedad, un tumor que la estaba lapidando en vida.
*Hija… Angelita está muy malita, ….una célula… (sabía que no entendería su significado) … una gotita de su sangre …
sabes que la sangre es de color rojo ¿verdad? .*
Le resultaba cada vez
más complicado explicar lo que la ocurría sin hacerla daño también a ella.
*Pues bien… una gotita de su sangre era oscura y muy mala,
quería destruir al resto de las gotitas de sangre porque como ella no era de
color rojo, era tan mala y sentía tanta envidia que fue tocando al resto pintándolas de negro.*
*!Ahhh!, ¿como al “tú la llevas”?*
*Si hija… algo parecido. Cuando los médicos descubrieron que
sus gotitas de sangre estaban infectadas y para que volvieran a ser de color
rojo… sometieron a Carmencita a un tratamiento largo para intentar darles color
de nuevo, por eso no tiene pelo*
*¿Pero mamá? ¿y
porque no le doy yo mi sangre?
¡Yo quiero que la mía pinte la de Angelita de color rojo! , ¿Entonces….
cuando la enfermera me pincha y saca mi sangre en unos tubitos…..es para pintar
la sangre de otros niños para que no enfermen?.
Tanta humildad la hizo girar la cabeza para que no viera
como sus ojos se llenaban de lágrimas.
*Eres muy buena Carmencita, pero ojalá fuera todo así de
fácil. Los mayores nos complicamos mucho más la vida, no somos solidarios, no actuamos consecuentemente
hasta que estas cosas nos tocan de cerca*
*¿Qué es ser solidarios?*
*pues ayudar a los demás sin recibir nada a cambio*
* Ya entiendo…. ¿ Y por eso se ríen los niños de ella? ¿Por
qué no tiene pelo? A mí no me gusta que ser rían porque Angelita es muy buena y
es mi mejor amiga*
Aquella misma mañana Carmencita frente al espejo se cortaba
un mechón de su pelo, la mamá alarmada la quitó las tijeras y la pregunto:
*¿Qué estás haciendo?*
*!Mamá… me estoy solidarizando con Angelita!.*
Jamás hubo en la vida una semejante historia de amistad y
humildad.
Angelita dejó este mundo a la edad de ocho años con una
sonrisa en sus labios y mirando aquellos ojos marrones que le trasmitieron
durante mucho tiempo tanto sosiego.
En la actualidad Carmencita ya es adulta y ha descifrado
todo lo que su madre le explicó.
Esta mañana a mirado a través del cristal de su ventana y ha
visto un reflejo… una cara paralela a la suya sonriente y sin pelo … era su propio reflejo.
Ha cogido el teléfono y ha llamado a su madre, y riendo…. Siempre riendo la ha dicho;
mamá… ha venido Angelita a esperarme.
Bello y triste a la vez. Cada día me sorprendes y me gustas más. Besos y un abrazo.
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