lunes, 14 de septiembre de 2015

LAS ARRAS QUE NOS DA LA VIDA


Leonor continuó creciendo; en altura, en cuerpo, en edad, ahora tenía 15 años. Pero Leonor continuaba manteniendo la inocencia de una niña… ¿me pregunto tantas veces si había sido realmente  una niña?. Era evidente que lo ha sido, que lo es. Pero no me refiero a ser niña por el mero hecho de pertenecer al sexo femenino, pues nacido así, también se es mujer y dudo que Leonor pueda serlo alguna vez.

¿Qué es lo que Dios ha querido que sea?

Hoy la visité de nuevo. Cuidaba de ella su abuela que la apoyaba sobre su pecho sentada en su regazo,  andaba ya algo  cansada por el trabajo de toda una vida al cuidado de los demás,  de sus hijos,  de sus padres y de un marido diagnosticado con la enfermedad del olvido y así pues…. se olvido de serlo.

Pero la abuela María… o Mariquilla, como familiarmente la llamaban los más allegados, siempre decía que Dios había premiado  su sufrimiento con un ángel, Leonor.

Apenas le quedaban fuerzas para sostener su alma sobre sus pies pero ahí andaba…. Aplacando las embestidas que el cuerpo de Leonor producía inconscientemente y la susurraba,  ea.. ea.. mi niña pequeña.

Jamás me había dado cuenta de lo hermosa que era.  Tras el ajado lienzo de su  cara se traslucía  su  corazón, cansado, pero con las suficientes fuerzas para amarrar dentro de él,  el defectuoso vuelo de su ángel.

…..Lo que son las arras de la vida….

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