Epitafio para amantes;
Morir de amor es un
dolor asumible. Lo insoportable es resucitar solo.
Había regresado de nuevo a su
país, buscaba una nueva oportunidad en su ciudad junto a su gente, pero después
de cuatro largos años de exilio que como otros tantos jóvenes de su edad fueron
hacer las Américas, retornaron sintiendo la nostalgia de su antiguo hogar.
Era la décima vez que miraba la
pantalla del móvil en apenas un minuto. Esa mañana había recorrido toda la
manzana del centro dejando curriculum en oficinas y tiendas. Se sintió cansado
y decidió reponer fuerzas en una pequeña plaza en cuyo centro se erguía una
pequeña fuente y de cuyos cuatro caños expuestos en su derredor, surgía agua de
un manantial fresca y potable, suficiente para poder refrescarse por un rato
pensó, así que desabrochó los dos primeros botones de su impecable camisa
blanca y mitigo sobre su nunca y cuello el húmedo elemento.
El día se le estaba haciendo
demasiado largo sin tener noticias, volvió a revisar su móvil pero la pantalla permanecía
inactiva, inalterable como el mismo tiempo de aquella mañana, comenzó a
explorar sus contactos y el táctil de su dedo se quedó detenido sobre un
nombre… María. Levanto la vista del aparato que le tenía esclavizado aquella
mañana y miró a su alrededor, entonces, frunció la frente en un gesto de
admiración y sonrió. Puede que sea el Karma.
Recordó como hacía tiempo atrás María y él pasaban largas horas en
aquella plaza; que habrá sido de ella….. entonces sonrojó avergonzado por la
manera tal cruel que se marchó sin decirla nada, solo un “volveré a por ti” y
desde entonces, habían pasado cuatro largos años sin saber más. María fue su
“amiga”, así era como le gustaba presentarla a sus familiares más allegados,
pero ambos sabían que ese término encerraba un compromiso mucho mayor que una
mera amistad.
Mantenía su dedo sobre su nombre,
quizá debería llamarla… Y en aquel preciso momento la pantalla de su móvil
empezó a parpadear y a sonar estrepitosamente, se sobresaltó y el corazón le
dio un vuelco, pudiera ser que.. María… el Karma otra vez.
- ¿Si? Contestó - . Al otro lado del aparato
preguntaban por él.
- ¡Sí, soy yo!
- Escuchaba a su interlocutor.
- ¿mañana a las 12?, De acuerdo, allí estaré,
gracias.-
Tenía que estar contento, le
citaban para una entrevista de trabajo, sin embargo hubiese deseado tanto haber
recibido otra llamada.
Al día siguiente y después de la
entrevista, se encontraba de nuevo en aquella fuente de los cuatro caños. La
reunión había sido comprometida y su nerviosismo era evidente, la axila de su
camisa se había convertido en un gran parche de sudor, por lo cual, su
apresuramiento por llegar al refrescante chorro de agua le hizo toparse con
varias personas una de las cuales cayó al suelo.
Una envejecida respecto a su edad
mujer se erguía del suelo sacudiéndose el polvo de sus rodillas.
-¡ oh, disculpe, cuanto los siento!, ¿la he hecho daño?
Unos abatidos ojos verdes se clavaron en sus pupilas al mismo instante
que le pedían perdón por su torpeza.
-¡no, no, tranquilo, la culpa ha sido mía!, siempre
ando algo despistada y no debí quedarme parada sin más.
-¡María….!
Pidió nuevamente disculpas al no
reconocerlo, y le hizo saber si se conocían de algo.
-¡no! Exclamo ella, creo que se está confundiendo.
No concebía porque no le había
identificado, no eran muchos años los que habían pasado, y su aspecto seguía
siendo el mismo, quizá alguna cana sobre su sien.
No obstante no quiso contradecir
sus palabras porque igual ella estaba en lo cierto y el equivocado era él, pero
eran tan iguales, aún con el abatimiento de sus ojos, continuaban manteniendo
ese fulgor y albor como las esmeraldas, además estaba la peculiaridad de tener
el mismo nombre.
-¿Puedo remendar mi torpeza invitándola a un
café?-
- No sé si debiera- contestó,- Estoy esperando
a mi novio e igual se molesta al no
encontrarme aquí.
-Insisto por
favor. Tan solo serán unos minutos y mi deuda será saldada por tal atropello.
Accedió a la insistente petición
y aquellos cinco minutos se alargaron tanto que se convirtieron en horas, cada
vez estaba más convencido que era María, pero aún así y bajo todo tipo de
interrogatorio para saber más, ella insistía en que no le conocía de nada.
No pudo quitársela de la cabeza
durante varios días, le rondaba toda clase especulaciones y por más vueltas que le daba no comprendía
aquella pérdida de memoria, entendía que tuviese novio, pero no creía que por
esa razón ella no se diera por aludida.
Tal ansiedad le hizo acudir de
nuevo aquel mismo lugar, a la cafetería donde estuvieron juntos aquella mañana…
el mesero le recordó enseguida.
-No ande usted con ella – le recomendó – anda loca, cuentan
que hace tiempo su novio se marchó con la promesa de volver a por ella, anduvo
varios días esperándolo sin comer nada y un día se desmayó, se dio en la cabeza
y desde entonces ha perdido la memoria, pero eso dicen, para mí que está como
un cencerro. Desde entonces se encuentra en esta dirección. –
El mesero extendió su mano y le
entregó una servilleta de papel en la que había dibujado un pequeño plano con
el que podría llegar.
Aquel trozo de papel le condujo a
un siquiátrico, una enorme reja separaba lo real de lo imaginario, entonces se
abrieron automáticamente las puertas a la llamada por el interfono y le
indicaron que María se encontraba en el jardín.
A María se le volvieron a
iluminar los ojos con el mismo albor de las esmeraldas y logró decir; sabía que
volverías a por mí.
Que tierna historia, a pesar de todo seguía esperando. El vello de punta. Besos.
ResponderEliminarSiempre debemos esperar porque en cualquier momento puede llegar ese momento que habíamos soñado. Otro beso para ti amiga.
ResponderEliminarPrecioso . Me encanta todo lo que escribes.
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