A QUE SABEN LOS BESOS..
….A CHICLE DE FRESA ÁCIDA.
Mi tercer beso con sabor fue a los 14 años de edad.
Finalizaba el 8º curso de educación general básica y hacía tiempo que había dejado de jugar a las muñecas y a los médicos. Ahora mi prioridad se centraba en saber cómo se daban los besos… conocer la acción , saber escenificar el acto, pues los besos de amor…. Tardarían en llegar mucho tiempo.
Jose desapareció de mi vida hacía cuatro años atrás. Por motivos de trabajo trasladaron a su padre a otra ciudad. Yo creí en aquel momento que me arrancaban el corazón de mi cuerpo. Me separaban para siempre de mi mejor amigo. De mi cómplice de juegos. De mi hermano de sangre y de lágrimas. De mi alma gemela. Del actor principal de mi vida.
Estuve llorando su ausencia durante días y juré que no perdonaría nunca a quienes hicieron aquello.
Justo, hasta el momento que fue ocupada la vivienda y trajo con los nuevos dueños a la que sería
mi amiga inseparable de la adolescencia.
Pero por entonces ya tenía 14 años y todo aquello lo había olvidado. Todo habían sido cosas de pequeñuelos sin ninguna malicia. El proceso de la vida.
Ahora mi cuerpo comenzaba a sufrir transformaciones, había llegado el momento en el que empezaban mis hormonas alborotarse y en mi estómago millones de mariposas anidar.
Yo preguntaba para saber al igual que las niñas de mi edad que éramos las más inocentes, a las más listillas de la clase que según ellas decían ya lo habían practicado; algo que actualmente dudo mucho pero que entonces eran nuestra única referencia. De que nos explicaran como se besaba.
Éstas, sintiéndose sumas diosas del amor nos daban a todas nosotras principiantes clases magistrales del acto.
Eran admirables bajo mi punto de vista, siendo yo ignorante de tal circunstancia pues todos mis conocimientos se reunían de ver películas en la televisión y apenas durante unos segundos pues; bajaba la cabeza avergonzada cada vez que salía una escena de amor con mis padres o algún otro miembro de mi familia delante. !claro está!…. que cuando en alguna de esas escenas me encontraba sola mi cerebro procesaba al milímetro; la pose; la mirada; el movimiento de cabeza.
Esto último era algo que me tenía bastante preocupada por si el pequeño giro de cabeza para hacer coincidir los labios lo hacíamos en la misma dirección y entonces nuestras narices toparían haciendo imposible el beso. Me sentía obsesionada por ese revoloteo de lenguas en el interior de la boca…. ¿le introduzco mi lengua? ¿lo hace él? ¿y como se mueven? ¿y si me da asco y me producen arcadas?
Mis compañeras de clase se ponían frente a nosotras en su afán de enseñarnos. Colocaban su mano junto a su boca con los dedos paralelos a la abertura de sus labios e iban abriéndolos e introduciendo poco a poco la lengua entre ellos, a continuación hacían unos movimientos circulares con la lengua que parecían espasmos girando la cabeza de un lado a otro como si estuvieran convulsionando.
Jajajaja , Ahora pienso que si aquella forma de besar había sido real en algún momento de sus vidas, seguramente hubiesen necesitado de un exorcista.
Pues bien; mi verdadero maestro se encontraba cerca de mi colegio.
Cerca del barrio donde vivía se encontraba otro centro escolar administrado por curas salesianos y regentado en su totalidad por huérfanos.
Eran de grado superior a nuestro colegio, con edades entre 16 y 18 años. ”Un corpulento ganado sin domar a pesar de los sacrificados rezos que los hermanos salesianos les querían inculcar”.
Fue la primera vez que sentí esas mariposas que anidaban en mi estomago revolotear.
No recuerdo su nombre, ni su color de pelo, ni el color de sus ojos. Pero lo que sí recuerdo es el sabor de sus besos…tenían sabor a chicle de fresa ácida.
Pero por entonces ya tenía 14 años y todo aquello lo había olvidado. Todo habían sido cosas de pequeñuelos sin ninguna malicia. El proceso de la vida.
Ahora mi cuerpo comenzaba a sufrir transformaciones, había llegado el momento en el que empezaban mis hormonas alborotarse y en mi estómago millones de mariposas anidar.
Yo preguntaba para saber al igual que las niñas de mi edad que éramos las más inocentes, a las más listillas de la clase que según ellas decían ya lo habían practicado; algo que actualmente dudo mucho pero que entonces eran nuestra única referencia. De que nos explicaran como se besaba.
Éstas, sintiéndose sumas diosas del amor nos daban a todas nosotras principiantes clases magistrales del acto.
Eran admirables bajo mi punto de vista, siendo yo ignorante de tal circunstancia pues todos mis conocimientos se reunían de ver películas en la televisión y apenas durante unos segundos pues; bajaba la cabeza avergonzada cada vez que salía una escena de amor con mis padres o algún otro miembro de mi familia delante. !claro está!…. que cuando en alguna de esas escenas me encontraba sola mi cerebro procesaba al milímetro; la pose; la mirada; el movimiento de cabeza.
Esto último era algo que me tenía bastante preocupada por si el pequeño giro de cabeza para hacer coincidir los labios lo hacíamos en la misma dirección y entonces nuestras narices toparían haciendo imposible el beso. Me sentía obsesionada por ese revoloteo de lenguas en el interior de la boca…. ¿le introduzco mi lengua? ¿lo hace él? ¿y como se mueven? ¿y si me da asco y me producen arcadas?
Mis compañeras de clase se ponían frente a nosotras en su afán de enseñarnos. Colocaban su mano junto a su boca con los dedos paralelos a la abertura de sus labios e iban abriéndolos e introduciendo poco a poco la lengua entre ellos, a continuación hacían unos movimientos circulares con la lengua que parecían espasmos girando la cabeza de un lado a otro como si estuvieran convulsionando.
Jajajaja , Ahora pienso que si aquella forma de besar había sido real en algún momento de sus vidas, seguramente hubiesen necesitado de un exorcista.
Pues bien; mi verdadero maestro se encontraba cerca de mi colegio.
Cerca del barrio donde vivía se encontraba otro centro escolar administrado por curas salesianos y regentado en su totalidad por huérfanos.
Eran de grado superior a nuestro colegio, con edades entre 16 y 18 años. ”Un corpulento ganado sin domar a pesar de los sacrificados rezos que los hermanos salesianos les querían inculcar”.
Fue la primera vez que sentí esas mariposas que anidaban en mi estomago revolotear.
No recuerdo su nombre, ni su color de pelo, ni el color de sus ojos. Pero lo que sí recuerdo es el sabor de sus besos…tenían sabor a chicle de fresa ácida.

Rico sabor. Besos
ResponderEliminarCierto Eva, un sabor muy ácido y adictivo. besos
ResponderEliminarjajajaja que buena experiencia...!! Genial...! he vivido cada instante...!! y recordado aquello de los labios con los dedos pues así también me enseñaba a mi un Amigo .... mostrándome sus manos en su boca y explicando jajaja creo al final todos hemos recibido esas indicaciones eh...?
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