A QUE SABEN LOS BESOS…
ALCOHOL Y BETADINE
Mi segundo beso con sabor fue a los10 años.
Por aquel entonces Jose y yo seguíamos siendo vecinos y continuábamos jugando juntos. Pero aquellos juegos de papás y mamás dejó de seducirnos y mis muñecas y sus camiones dejaron de interesarnos.
Sin previo duelo quedaron arrinconados para siempre dentro de una caja de cartón, en el trastero, donde permanecieron de por vida enterrados por una capa de polvo; mi muñequita con su cabecita torturada, y su camión, que poco a poco se fue desmantelando.
Seguíamos siendo los mismos protagonistas, en el mismo escenario, pero de un diferente acto.
Habían pasado algunos años y el mismo aprendizaje de la vida nos hacía experimentar de un modo diferente, ahora cruzábamos unos límites entre lo desconocido y lo prohibido que queríamos explorar.
Como años atrás, las madres seguían con su comadreo sentadas en el mismo patio sobre sus sillas de enea, todo seguía lo mismo tal y como lo recuerdo …bueno todo no. El suelo del patio donde tantas caídas y sollones nos habían cartografiado las rodillas ahora estaba recubierto por losetas de color terracota, y en el centro; varias macetas de aspidistras que ornamentaban en derredor de un pozo como attrezzo del patio.
De la parra recuerdo que su tronco retorcido había envejecido tanto, que su corteza quebrada suspendía en colgajos sobre sí misma aferrándose a una fina trama para que la suave brisa no la desprendiera.
Para nosotros dejó de ser aquel patio particular donde llueve y se moja como los demás, dejó de ser partícipe en nuestros juegos. Ya no era ni mi supermercado; ni su carretera. Ahora pasábamos más tiempo dentro de casa. Unas veces porque los deberes del colegio nos lo impedían , otras por que nos dejó de interesar el runruneo de la radio, y mientras tanto, las madres cuidaban de los hermanos pequeños. Eran ellos los protagonistas que jugaban en el que sería el patio particular de su vida y de sus besos con sabor a chocolate.
Los nuestros comenzaron a tener un sabor diferente.
¿Quien a esa edad no ha jugado a médicos y enfermos?….
La escena era la siguiente: Cogíamos de una de las latas de galletas que hacía las veces de botiquín; el esparadrapo, el agua oxigenada, la mercromina, un trozo de tela larga para utilizar como vendaje, y algún bote de jarabe de aquellos que sobraban y guardaban por si acaso se pudiera utilizar alguna vez más.
El estetoscopio estaba fabricado por una cuerda y en el extremo un pequeño embudo que mamá utilizaba para rellenar las botellas del vino que compraba a granel para papá. Situábamos la parte ancha sobre el pecho e introducíamos la oreja por la parte más fina y estrecha para poder escuchar los latidos del corazón. Entonces la imaginación era extraordinaria, capaces de crear lo artilugios más inverosímiles para el cometido que quisiéramos.
Cuando cierro los ojos, me traslado al salón donde tantas “heridas” y “huesos” rotos curamos.....
……La mesa en el centro del salón que era articulada y mamá subía y extendía sus alas en ocasiones especiales….
…..La librería vacía de libros y llena de diminutas figuras inútiles de regalos de bodas y comuniones que iba guardando como recuerdo…
….El mueble bar situado en una de sus puertas laterales forrado de espejos y con alguna botella medio vacía de anís del mono, vino dulce Santa Catalina o peppermint. Botellas que nunca se utilizaban y siempre se ofrecía navidad tras navidad. Copas talladas colgadas boca abajo sobre su cuello y vasos altos de colores…..
…. Un gran cuadro cuya escena era una cacería de ciervos con media docena de perros tras el animal y varios caballistas tras ellos….
…. Dos sillones y un sofá de escai verde que en nuestros juegos nos servía de camilla.
Un día entre vendas, algodones y heridas simuladas recibí mi segundo beso de amor….. el que cura las heridas.
Aquel beso me supo alcohol y betadine.

Que bonito beso. A mi los tuyos me saben dulces... A gominolas y moras. Besos
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