Siempre le había gustado ver como asía la pequeña taza de
café entre sus manos, un ritual que siempre le había gustado contemplar sin
importarle que su café se enfriara producto de
esa demora.
Ensimismado contemplaba como ensartaba su delgado dedo índice por el minúsculo agujero de la pequeña asa y por donde apenas sobresalía la huella dactilar cartografiada de su yema, el fino barro esmaltado quedaba impregnado con
la impresión de sus dedos que
translúcidamente iban desapareciendo. Con una sutil elevación de su dedo meñique
acercaba el borde blanco de la taza a sus labios permitiendo que el cálido fluido negro penetrase al interior de su boca saboreándolo con
liviana delicadeza e indagando en el perfil del aroma entre dulce y afrutado del grano tostado.
Sonreía.
Le resultaba sensual
y sicalíptico, lo podría definir de las dos maneras según tuviera la necesidad de
sexo o de amarla.
Esta tarde la encontró sola en la terraza de la cafetería con
la mirada perdida, por eso optó por sentarse frente a ella.
-
Oh! Mi dulce amor… que largo se me hizo este
encuentro.
La encontró más delgada,
un poco desmejorada, pero aún así le resultaba bella, pensó que quizá habría
pasado una mala noche.
-
Amor, tendrías que pensar en dejar de tomar
tanto café.
Eso quizá la desvelara.
Quiso acariciar su mano que reposaba sobre la mesa pero la
apartó antes de rozarla, bajó la mirada y se puso a remover indiferente el
fluido de la taza que daba vueltas remisamente una y otra y otra vez hasta
formar en el centro un remolino que engullía la crema que antes se dejaba mecer
sobre el estimulante líquido negro.
Tomó un pequeño sorbo, le hizo un gesto al camarero y éste
apareció con el tique sobre una bandeja de aluminio.
-
Quiero invitarte yo…
Pero antes de darse cuenta ella abrió el bolso y sacó su
monedero, en el lateral de su tarjetero;
la fotografía de él destacaba de entre
todo, entonces la acarició dibujando con su delgado dedo índice el contorno de su figura plasmada sobre el papel,
lloró; ….lloró una vez más de entre tantas otras y una lágrima se deslizo por
su mejilla diluyéndose en los restos de
un café amargo como la hiel.
Buscó en su mano izquierda el dedo corazón y dio varias
vueltas a dos anillos que se encontraban enlazados, eran sus alianzas de casados.
El miró su mano y contempló la huella que el paso de los
años había dejado en su dedo, …..vacío,
entonces comprendió.
Hoy ha vuelto a verla sentada sola en la terraza de la cafetería
sorbiendo una taza de café, se ha sentado frente a ella y la ha dicho cuanto la
quiere.
Al rozar de nuevo con su delgado dedo índice la fotografía guardada en el tarjetero de su monedero ella le
ha recordado un aniversario trágico, ya hacía un año que se había marchado para
siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario