lunes, 2 de febrero de 2015

LA JOFAINA


(Basada parte de ella en un chiste).

Siempre tendré el recuerdo del  abuelo Juan en mi memoria. Le recuerdo siempre igual y llegué a pensar que ya había nacido así; viejo.
Tengo presente el hechizo  que producía en mí cuando  liaba  la picadura de tabaco.  Se tomaba su tiempo y para mí,  aquel proceder era todo un ritual.
Cogía con gran habilidad el papelillo entre el dedo índice y pulgar de su mano izquierda y mientras  con la derecha, colocaba sobre este un pequeño puñado de picadura que  lo  iba  esparciendo sobre el papel uniformemente, luego  lo hacía rodar  entre sus dedos hasta formar un perfecto cigarrillo cilíndrico, a continuación se lo acercaba a su boca y sacando la punta de su lengua,  esparcía saliva en el extremo del papel para que sellara el contenido del interior.
 Ya en su boca  lo encendía… recuerdo su mechero, ¡chisquero creo recordar que le llamaba…..!, tenía un largo tubo por el que discurría una mecha amarilla de algodón, larga y recogida en varios nudos.  Con el dedo daba sobre la rueda estriada vueltas repetida e insistentemente haciendo salir multitud de chispas hasta que  una de ellas prendía la mecha. A continuación soplaba y soplaba para avivar el fuego. A mí aquello me hacía reír y le decía.. abuelito te  pareces al lobo de los tres cerditos…  el me miraba bajo la sombra de su boina negra coronada por un rabillo que yo tiraba de él haciéndolo parecer un globo que estuviera a punto de salir de su cabeza… y reía y reía.
Pero el abuelo Juan era peculiar…. Muy peculiar.
Hubo algo que sucedió durante toda su vida y concretamente solía ocurrir  en su cumpleaños, en cada uno de ellos de los que mi mente recuerda.
En su 70 aniversario y unos días antes del acontecimiento,  la abuela Encina siempre le preguntaba qué le gustaría que le regalara.
 * ¡Una JOFAINA!* respondía sin ninguna dilación y con gran ilusión ante el acontecimiento.
* ¿Una JOFAINA? , Juan…. ¿Para qué quieres   una JOFAINA?.
Y el abuelo Juan siempre respondía…
* Tú regálame una JOFAINA y después te lo digo*
*Pues hasta que no me lo digas no te la regalo*
* Pues no te lo digo*
* Pues  te  quedas sin regalo hasta que no me digas para que quieres una JOFAINA*
La discusión se convertía en un bucle una y otra vez. Y de esa manera el abuelo recibía toda clase de regalos , pero siempre se quedaba con el mal sabor de boca de no recibir el que él quería.
Cumplió 71 y quería una JOFAINA.
72….. Y volvió a pedir una JOFAINA, 73, 74….
En su 75 aniversario la abuela Encina volvió a preguntar al abuelo que es lo que quería por su cumpleaños y este volvió a pedir como si de la primera vez se tratara.
*! Quiero una JOFAINA!*
*! Ya estamos como todos los años! , ! pero Juan! , ¡ dime para que quieres una JOFAINA  y yo te la compro!*
El abuelo Juan no quería que nadie supiera para que la quería hasta que la tuviera en su poder.
*!No, no! Regálame la JOFAINA  y te lo diré después.
La abuela Encina no daba su brazo a torcer y otro año más dejaba al abuelo sin su JOFAINA.
*!Pues hasta que no me digas para que la quieres no te la regalo!*
*!!yo quiero una JOFAINA!!  ¿ acaso no me estas preguntando qué es lo que quiero? Pues eso… ¡una JOFAINA!
*!pues hasta que no me lo digas no hay nada!
Y de esta manera otro cumpleaños  más lo pasaba entristecido por la falta del regalo que quería.
Pasaron los años y el abuelito Juan seguía cumpliendo años sin recibir aquello que tanto anhelaba… la JOFAINA.
Recuerdo el año que se puso muy malito y lo tuvieron que ingresar en un hospital, en su derredor todos sus hijos  y nietos y a la cabecera de la cama , la inseparable  abuela Encina que le cogía de la mano; El abuelo Juan se moría y con gran fortaleza y entereza la abuela le pregunto…
*Juan… nos llega el final, pero antes de que esto suceda dime cual te gustaría que fuera  tu última voluntad*.
El abuelo a duras penas y en un hilo de voz susurró…  *me gustaría que me compraras una JOFAINA….*
*Pero Juan….¿ No cesarás en tu empeño verdad? . Hasta el final me dejarás con la incertidumbre de saber para que la quieres una JOFAINA*. Y la abuela se puso a llorar.
Entonces,  el abuelo se dio cuenta del gran desazón que había causado a la abuela  durante todos los años que no había querido decir para que la quería, y ahora sacó la fuerza necesaria para responder, era el momento adecuado para que lo supieran pues estaban todos juntos y decirles para que quería la JOFAINA.
*Está bien, vosotros habéis ganado, quiero la JOFAINA  para………*
Entonces el abuelo cerró los ojos y murió.

4 comentarios:

  1. Que triste que no recibiera el regalo que tanto deseaba y, finalmente, todos se quedaron con la incertidumbre de saber para que lo quería. Muy tierno. Besos

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  2. Así es Eva, este hecho también podemos trasladarlo a nuestras propias vidas, guardamos palabras, hechos o deseos que jamás deberíamos llevárnoslo a la tumba. besos miles

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    1. Que cabezones los dos....Con lo fácil qe hubiera sido,Tomaré ejemplo.jejeje

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  3. Gracias Encarna por dejar tu comentario, es cierto, no tenemos que dejar las cosas para el final porque puede ser tarde. un beso enorme

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