(Basada parte de ella en un chiste).
Siempre tendré el recuerdo del abuelo Juan en mi memoria. Le recuerdo siempre
igual y llegué a pensar que ya había nacido así; viejo.
Tengo presente el hechizo
que producía en mí cuando liaba
la picadura de tabaco. Se tomaba
su tiempo y para mí, aquel proceder era
todo un ritual.
Cogía con gran habilidad el papelillo entre el dedo índice y
pulgar de su mano izquierda y mientras con la derecha, colocaba sobre este un pequeño
puñado de picadura que lo iba
esparciendo sobre el papel uniformemente, luego lo hacía rodar entre sus dedos hasta formar un perfecto
cigarrillo cilíndrico, a continuación se lo acercaba a su boca y sacando la
punta de su lengua, esparcía saliva en
el extremo del papel para que sellara el contenido del interior.
Ya en su boca lo encendía… recuerdo su mechero, ¡chisquero
creo recordar que le llamaba…..!, tenía un largo tubo por el que discurría una
mecha amarilla de algodón, larga y recogida en varios nudos. Con el dedo daba sobre la rueda estriada
vueltas repetida e insistentemente haciendo salir multitud de chispas hasta que
una de ellas prendía la mecha. A
continuación soplaba y soplaba para avivar el fuego. A mí aquello me hacía reír
y le decía.. abuelito te pareces al lobo
de los tres cerditos… el me miraba bajo
la sombra de su boina negra coronada por un rabillo que yo tiraba de él
haciéndolo parecer un globo que estuviera a punto de salir de su cabeza… y reía
y reía.
Pero el abuelo Juan era peculiar…. Muy peculiar.
Hubo algo que sucedió durante toda su vida y concretamente
solía ocurrir en su cumpleaños, en cada
uno de ellos de los que mi mente recuerda.
En su 70 aniversario y unos días antes del
acontecimiento, la abuela Encina siempre
le preguntaba qué le gustaría que le regalara.
* ¡Una JOFAINA!*
respondía sin ninguna dilación y con gran ilusión ante el acontecimiento.
* ¿Una JOFAINA? , Juan…. ¿Para qué quieres tú una
JOFAINA?.
Y el abuelo Juan siempre respondía…
* Tú regálame una JOFAINA y después te lo digo*
*Pues hasta que no me lo digas no te la regalo*
* Pues no te lo digo*
* Pues te quedas sin regalo hasta que no me digas para
que quieres una JOFAINA*
La discusión se convertía en un bucle una y otra vez. Y de
esa manera el abuelo recibía toda clase de regalos , pero siempre se quedaba
con el mal sabor de boca de no recibir el que él quería.
Cumplió 71 y quería una JOFAINA.
72….. Y volvió a pedir una JOFAINA, 73, 74….
En su 75 aniversario la abuela Encina volvió a preguntar al
abuelo que es lo que quería por su cumpleaños y este volvió a pedir como si de
la primera vez se tratara.
*! Quiero una JOFAINA!*
*! Ya estamos como todos los años! , ! pero Juan! , ¡ dime
para que quieres una JOFAINA y yo te la
compro!*
El abuelo Juan no quería que nadie supiera para que la
quería hasta que la tuviera en su poder.
*!No, no! Regálame la JOFAINA y te lo diré después.
La abuela Encina no daba su brazo a torcer y otro año más
dejaba al abuelo sin su JOFAINA.
*!Pues hasta que no me digas para que la quieres no te la
regalo!*
*!!yo quiero una JOFAINA!!
¿ acaso no me estas preguntando qué es lo que quiero? Pues eso… ¡una
JOFAINA!
*!pues hasta que no me lo digas no hay nada!
Y de esta manera otro cumpleaños más lo pasaba entristecido por la falta del
regalo que quería.
Pasaron los años y el abuelito Juan seguía cumpliendo años
sin recibir aquello que tanto anhelaba… la JOFAINA.
Recuerdo el año que se puso muy malito y lo tuvieron que
ingresar en un hospital, en su derredor todos sus hijos y nietos y a la cabecera de la cama , la inseparable
abuela Encina que le cogía de la mano; El
abuelo Juan se moría y con gran fortaleza y entereza la abuela le pregunto…
*Juan… nos llega el final, pero antes de que esto suceda
dime cual te gustaría que fuera tu
última voluntad*.
El abuelo a duras penas y en un hilo de voz susurró… *me gustaría que me compraras una JOFAINA….*
*Pero Juan….¿ No cesarás en tu empeño verdad? . Hasta el
final me dejarás con la incertidumbre de saber para que la quieres una
JOFAINA*. Y la abuela se puso a llorar.
Entonces, el abuelo
se dio cuenta del gran desazón que había causado a la abuela durante todos los años que no había querido
decir para que la quería, y ahora sacó la fuerza necesaria para responder, era
el momento adecuado para que lo supieran pues estaban todos juntos y decirles para
que quería la JOFAINA.
*Está bien, vosotros habéis ganado, quiero la JOFAINA para………*
Entonces el abuelo cerró los ojos y murió.
Que triste que no recibiera el regalo que tanto deseaba y, finalmente, todos se quedaron con la incertidumbre de saber para que lo quería. Muy tierno. Besos
ResponderEliminarAsí es Eva, este hecho también podemos trasladarlo a nuestras propias vidas, guardamos palabras, hechos o deseos que jamás deberíamos llevárnoslo a la tumba. besos miles
ResponderEliminarQue cabezones los dos....Con lo fácil qe hubiera sido,Tomaré ejemplo.jejeje
EliminarGracias Encarna por dejar tu comentario, es cierto, no tenemos que dejar las cosas para el final porque puede ser tarde. un beso enorme
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