viernes, 12 de febrero de 2016

A QUE SABEN LOS BESOS (I)




CHOCOLATE

Mi primer beso fue a los seis años, me refiero al primer beso de amor, a un amor inocente.  

Nos conocíamos justo desde hacía seis años…. para ser exactos seis años  y algunos meses, pues su mamá y la mía estaban ambas en cinta de nosotros cuando se conocieron. Entonces creo ya andaban ambas en negociaciones para casarnos “…Que si es un varón el tuyo tenemos que ser consuegras…. Que me gustas como suegra para mi nena, veras que será la más bonita del barrio y harán una pareja perfecta” En fin… esa era la conversación mientras tejían jerseys que picaban como rayos  y cosían pañales de tela. Mientras él y yo; ajenos a todo aquello, andamos absortos buceando en el templado líquido amniótico jugando a piratas y corsarios.

Recuerdo que jugábamos en el patio interior de la casa donde vivíamos, algo parecido a una corrala donde el patio  se situaba en el centro y todas las casas en derredor a él. Una fornida parra  nos cobijaba en los días del tórrido sol del verano cuyos rayos descocados jugueteaban en nuestras caras.  

Mientras;  las madres comadreaban escuchando la novela que se retransmitía en la radio.  

Aprendimos a gatear juntos, a llorar juntos por simpatía, a pasar la varicela, el sarampión, a sufrir  los temidos dolores de los  dientes cuando despuntaban y a probar su consistencia en nuestros propios brazos o en cualesquiera  que se interpusiera entre ellos, aprendimos andar juntos y darnos de la mano para levantarnos después de caídos.  

Se escuchaba el ronroneo de la radio y el run run del camión que manejaba Jóse, yo …. Vestía y desvestía a mi muñeca con los trajecitos que me había cosido mi hermana y que guardaba en una caja de zapatos que hacía las veces de armario. Preparaba la comidita para mi linda muñeca con mucho esmero, para ello me inventaba dentro de aquel patio todo un inmenso supermercado solo para mí… este era el escenario; me dirigía al tronco de la parra, - buenas tardes, me puede dar medio kilo de judías – y tal cual recogía unas cuantas hojas de hierba que brotaban sobre su base , en otra  tienda me avituallaba de flores, en otra de  arena, agua.. y  todo eso, lo mezclaba y  lo machacaba  con varias piedra y esa argamasa era la comida de mi casita… y para que todo fuera más real ;   abrí una tremenda raja en la boca de aquella muñeca para poder introducir en ella tan sustanciosa comida…. Claro ésta, al cabo de los pocos meses tenía que hacerle un lavado de estomago debido al hedor que salía de sus entrañas.

Me enfurecía con mi muñeca como mi mamá hacía conmigo cuando no quería comer, ¡ que he dicho que te lo comas todo¡ ¡come! La gritaba, dándola un par de azotes en el culete … ya verás cuando llegue  papá de trabajar… papá era Jose, evidentemente.

Mi merienda andaba tirada en el suelo junto a mí.. pan con chocolate y la de Jose era remolcada en su camión, de vez en cuando y al grito de alguna de nuestras mamás para que la comiéramos dábamos un gran mordisco y la contestábamos con los carrillos llenos a rebosar… “ ¿eztoy comiendo no vez?”.

Después de dar una cuantas vueltas al camión por todo el patio con el soniquete de su  run run, Jose llegó hasta nosotras, aparcó el camión y a la voz de “ya estoy en casa”; me beso en los labios….. ese primer beso me supo a chocolate.

5 comentarios:

  1. Gracias Eva, tus besos me saben a un buena amistad con gotitas de café.

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  2. Jajaja, ya apuntabas. me hubiera encantado conocertea esa edad.

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  3. Que sabroso beso para comenzar .....! voy a deleitarme hoy con tus historias y si me permites me llevaré algunas a Sentimientos.. te mando un beso... con sabor a Domingo cálido y soleado

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