Mi primer beso fue a los seis años, me refiero al primer
beso de amor, a un amor inocente.
Nos conocíamos justo desde hacía seis años…. para ser
exactos seis años y algunos meses, pues
su mamá y la mía estaban ambas en cinta de nosotros cuando se conocieron.
Entonces creo ya andaban ambas en negociaciones para casarnos “…Que si es un
varón el tuyo tenemos que ser consuegras…. Que me gustas como suegra para mi
nena, veras que será la más bonita del barrio y harán una pareja perfecta” En fin…
esa era la conversación mientras tejían jerseys que picaban como rayos y cosían pañales de tela. Mientras él y yo;
ajenos a todo aquello, andamos absortos buceando en el templado líquido
amniótico jugando a piratas y corsarios.
Recuerdo que jugábamos en el patio interior de la casa donde
vivíamos, algo parecido a una corrala donde el patio se situaba en el centro y todas las casas en derredor
a él. Una fornida parra nos cobijaba en
los días del tórrido sol del verano cuyos rayos descocados jugueteaban en
nuestras caras.
Mientras; las madres
comadreaban escuchando la novela que se retransmitía en la radio.
Aprendimos a gatear juntos, a llorar juntos por simpatía, a
pasar la varicela, el sarampión, a sufrir los temidos dolores de los dientes cuando despuntaban y a probar su
consistencia en nuestros propios brazos o en cualesquiera que se interpusiera entre ellos, aprendimos
andar juntos y darnos de la mano para levantarnos después de caídos.
Se escuchaba el ronroneo de la radio y el run run del camión
que manejaba Jóse, yo …. Vestía y desvestía a mi muñeca con los trajecitos que
me había cosido mi hermana y que guardaba en una caja de zapatos que hacía las
veces de armario. Preparaba la comidita para mi linda muñeca con mucho esmero,
para ello me inventaba dentro de aquel patio todo un inmenso supermercado solo
para mí… este era el escenario; me dirigía al tronco de la parra, - buenas
tardes, me puede dar medio kilo de judías – y tal cual recogía unas cuantas
hojas de hierba que brotaban sobre su base , en otra tienda me avituallaba de flores, en otra de arena, agua.. y todo eso, lo mezclaba y lo machacaba con varias piedra y esa argamasa era la comida
de mi casita… y para que todo fuera más real ; abrí
una tremenda raja en la boca de aquella muñeca para poder introducir en ella
tan sustanciosa comida…. Claro ésta, al cabo de los pocos meses tenía que
hacerle un lavado de estomago debido al hedor que salía de sus entrañas.
Me enfurecía con mi muñeca como mi mamá hacía conmigo cuando
no quería comer, ¡ que he dicho que te lo comas todo¡ ¡come! La gritaba,
dándola un par de azotes en el culete … ya verás cuando llegue papá de trabajar… papá era Jose, evidentemente.
Mi merienda andaba tirada en el suelo junto a mí.. pan con
chocolate y la de Jose era remolcada en su camión, de vez en cuando y al grito
de alguna de nuestras mamás para que la comiéramos dábamos un gran mordisco y
la contestábamos con los carrillos llenos a rebosar… “ ¿eztoy comiendo no vez?”.
Después de dar una cuantas vueltas al camión por todo el
patio con el soniquete de su run run,
Jose llegó hasta nosotras, aparcó el camión y a la voz de “ya estoy en casa”;
me beso en los labios….. ese primer beso me supo a chocolate.

Que bonito... Besos
ResponderEliminarGracias Eva, tus besos me saben a un buena amistad con gotitas de café.
ResponderEliminarJajaja, ya apuntabas. me hubiera encantado conocertea esa edad.
ResponderEliminarQue sabroso beso para comenzar .....! voy a deleitarme hoy con tus historias y si me permites me llevaré algunas a Sentimientos.. te mando un beso... con sabor a Domingo cálido y soleado
ResponderEliminarUn beso enorme Encarna.
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